"(...) si la amistad proyecta su esperanza más allá de la vida, una esperanza absoluta, una esperanza inconmensurable, es porque el amigo es (...) nuestra 'propia imagen ideal'." (J.Derrida)
Acaso la amistad en el sentido propietarista, en el de la lógica de la copia de lo mismo, es una proyección narcisista. Amigo: yo en lo que eres tú y viceversa. Esta imagen de la amistad en la que somos estructurados en nuestra afectividad es a su vez quizás la condición de su inexistencia: porque acaso la amistad "verdadera" (en mi elección arbitraria de tal) muere con el despliegue de la amistad. Porque nada odiamos más que un amigo que se aleja de nuestra imagen proyectada, un amigo que nos transgrede. O sea que odiamos al amigo que se vuelve sí mismo, o que se muestra como otro, en lugar de nuestra copia más o menos involuntaria. La amistad convencional se funda en la negación del amigo.
Espero a los "nuevos amigos" como diría el Zarathustra, en personas nuevas que pueden ser incluso las mismas corporeidades, pero distintas desde que ya no sean vistas desde mi mirada habitual, propietaria, narcisista, carente.
"ame-o e deixe-o
livre para amar"
(una vieja canción de Gilberto Gil viene a mi mente en esta mañana trasnochada)
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